Sobre la identidad, la simulación y la barbarie.

“El capitán” es una cruda y terrible reflexión sobre la identidad y la barbarie de la guerra (aún mayor si cabe cuando un ejército se barre en retirada) que reflexiona sobre la simulación, la identidad y cómo el poder, por pequeño y frágil que sea, puede sacar lo peor de nosotros mismos.

“El capitán” fue presentada a concurso en el Festival de San Sebastián de 2017 (donde tuve la suerte de verla gracias a la colaboración de AlicanteMag) y se alzó con el premio a mejor fotografía, quizá el apartado de mayor calidad indiscutible de la cinta.

Un año después conoce estreno en España tras estar nominada a cinco premios del cine alemán, entre ellos, el de mejor película. Su director volvía a Alemania tras un periplo de seis títulos comerciales en Hollywood entre los que destacan “Plan de vuelo: Desaparecida”, “Más allá del tiempo” y “Red”, en los cuales demostró su pericia para narrar, con pulso, historias muy diferentes. Otra cosa fue su experiencia en dos entregas de la saga “Divergente”, lo que seguramente le llevó de vuelta a su país natal.

“El capitán” es un trabajo sólido y convincente que, sin embargo va de más a menos. Tras una primera parte esplendorosa, de gran cine, en el que gracias, en gran parte a la ya citada fotografía en blanco y negro, el espectador se sumerge en la narración. Sin embargo, conforme avanza la narración, ésta pierde interés y se vuelve farragosa. Aun así el film ya ha acumulado suficientes méritos para no defraudar y resultar recomendable.

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