Un reserva cinematográfico de lujo

Dos amigos cuarentones, Miles, un fracasado novelista, y Jack, un actor de culebrones a punto de casarse, inician un viaje de «despedida de la juventud». Entusiasta de los vinos, Miles quiere enseñar a su amigo la encantadora región donde se cultiva un vino excelente. Durante el viaje conocerán a una camarera divorciada y a una fogosa madre soltera. Cuarto film del director de Citizen Ruth, Election y A propósito de Schmidt, un autor empeñado en colocar como protagonistas de su cine a seres anónimos y nada glamourosos. Con cinco nominaciones a los Oscars, es la única nominada a mejor película que faltaba por llegar a nuestras carteleras. Payne, demostrando su integridad artística, rechazó personalmente a uno de las estrellas hollywoodienses interesadas en trabajar a sus órdenes: George Clooney. Según Payne, con toda la razón del mundo, nadie se puede creer a Clooney como el tremendo fracasado protagonista.

La consolidación definitiva (avalada con el Oscar al mejor guión adaptado) del talento de Alexander Payne, una de las pocas esperanzas de regeneración del cine estadounidense en busca de un cine más humano y cercano al mundo real.

Payne no ha dudado en afirmar que con su cine pretende recuperar el cine de personajes que de manera tan gloriosa punteó el magnífico cine estadounidense de los años 60 y, sobre todo, 70. Y ha colmado las expectativas de los que nos ilusionamos con aquella declaración de intenciones, ya que sus tres films más conocidos (Election, A propósito de Schmidt y este Sideways traducido brillantemente en España, por una vez y sin que sirva de precedente, por Entre copas ) han renovado el anquilosado cine de su país, homenajeando el estilo de cine en el que se inspira, pero adaptándose a las nuevas circunstancias del mundo en el que se inscribe y aportando notables novedades en el diseño de personajes y en la selección de los retazos vitales susceptibles de convertirse en materia cinematográfica.

El principal y loable mérito de Payne, (junto a otros autores de la esfera independiente USA surgidos en Sundance como Wes Anderson, Miguel Arteta o Terry Zwigoff) pero ni mucho menos el único, es su valentía a la hora de dar una nueva vuelta de tuerca a los personajes cotidianos con los que el público se podía identificar y de los que, finalmente, aplaudía sus postreros y emocionantes rasgos de heroísmo doméstico, propios del cine posterior al advenimiento de la Generación de la Televisión. Esta generación del nuevo milenio da un nuevo giro y coloca en el centro de nuestra lógica identificación a seres grises y mediocres de los que se nos muestran sus miserias cotidianas y escatológicas y que son incapaces de reaccionar absorbidos por la locura del modo de vida occidental. Conseguir que nos identifiquemos y emocionemos con ellos es un reto altamente complicado del que Payne sale no sólo airoso, sino triunfal.

Payne crea cuatro personajes de los que al menos dos (Giamatti y, sobre todo, Haden Church) pasarán a la historia del cine de este principio del nuevo milenio. Sacando magia de los hechos más cotidianos el film va enganchando y el regusto final (como en los buenos vinos) es infinitamente más satisfactorio de lo que pudiera parecer en un principio. A Entre copas, por tanto, hay que darle un poco de tiempo, para que todos sus aromas, brillos y ecos calen en lo más profundo de nuestra alma.

Por último señalar que Payne, como los grandes autores, consigue hacernos pasar de la carcajada (la cinta incluye una de las secuencias más hilarantes vistas en una pantalla en los últimos años –la del robo de la cartera-) a la tristeza en cuestión de segundos. Pero, sobre todo, romper los compartimientos estancos en los que se pretende dividir la producción cinematográfica (y artística en general, como denuncia Payne, pues al protagonista no le publican su novela, no por falta de calidad sino de ubicación, no saben como promocionarla, en definitiva) regalándonos no un gran film independiente, no una excelente cinta de autor y ni mucho menos un blockbuster comercial ni una cinta de género ni ninguna otra categoría preconcebida sino una gran película a secas.

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