LA AMÉRICA MUY, PERO QUE MUY PROFUNDA CALIFICACIÓN: 3,5/5 Estados Unidos, 2010.- 100 minutos.- Director: Debra Granik.- Intérpretes: Jennifer Lawrence, John Hawkes.- DRAMA PSICOLOGICO.–Auténtico cine independiente, con verdadero realismo y con una fuerza narrativa y emocional brutal y sorprendente, si tenemos en cuenta que estamos ante el segundo film de esta directora. Ree Dolly vive […]


LA AMÉRICA MUY, PERO QUE MUY PROFUNDA

CALIFICACIÓN: 3,5/5

Estados Unidos, 2010.- 100 minutos.- Director: Debra Granik.- Intérpretes: Jennifer Lawrence, John Hawkes.- DRAMA PSICOLOGICO.
Auténtico cine independiente, con verdadero realismo y con una fuerza narrativa y emocional brutal y sorprendente, si tenemos en cuenta que estamos ante el segundo film de esta directora.

Ree Dolly vive en una zona rural de los montes de Missouri. Es una chica de 17 años que tiene que hacerse cargo de su familia en una situación de extrema precariedad. Su padre Jessup, tras salir de la cárcel en libertad condicional, ha desaparecido misteriosamente y, si no aparece, en pocos días perderán la casa donde Ree vive con su madre enferma y sus dos hermanos pequeños. Encontrar a su padre se convierte entonces para la joven en una cuestión vital.

Fría, seca, cortante, terrorífica desde su extremo hiperrealismo al describir una América rural, que gran parte de los propios estadounidenses desconocen, que estaba tan presente en el cine de Hollywood de los 70 y principios de los 80 (ya fuera en tono de comedia –Un fabuloso bribón-, thriller –Carne viva- o drama –El último héroe americano-). En el film se palpa el frío, la miseria, el hambre (esas ardillas despellejadas para servir como base de un exiguo guiso) y, sobre todo, la violencia física y psicológica provocada por todo lo anterior, más la adicción a las drogas más baratas y destructivas.

Momentos como los del primer encuentro de la protagonista con su tío (magníficos ambos actores, nominados al Oscar), el encuentro en la subasta de ganado o aquella en la que la protagonista debe hacer algo terrible para demostrar el paradero de su padre (toda la secuencia recuerda a la de los pantanos de La noche del cazador) son de los más conseguidos del cine no comercial americano de los últimos años.

Un nombre a seguir el de Debra Granik, que espero que no sea devorado por la mastodóntica y devoradora maquinaria de talentos que es Hollywood.

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