Otro buen rato con viejos amigos y buenas canciones.

Nadie se puede llevar a engaño. Como dice Luis Martinez en El Mundo, “la película no hace más que convertir el placer culpable en un monumento”. Y para que nadie pueda reclamar la devolución de la entrada, el título se convierte en una declaración de intenciones, un contrato y una descarga de responsabilidades.

Sí, Mamma Mia, una y otra vez es más de lo mismo pero un poco peor porque (casi) no sale Meryl Streep, alma absoluta de la primera parte, sustituida por una protagonista tan mona como sosa y la selección de canciones es mucho menos espectacular. Aunque se repiten algunas canciones, no están todas las grandes por un infundado temor a que pensemos que estamos ante una estafa: que nos cobren entrada por ver, prácticamente, la misma película. A mí no me importa. Me hacen felices igual que cuando voy a un concierto de alguna banda que amo y tocan un temazo: me encantaría que lo volvieran a interpretar de nuevo hasta el infinito.

Ninguno de los dos films resisten ni merecen una análisis serio, ni falta que le hace. Esto es un karaoke interactivo, lo más cercano, en occidental, a los films de Bollywood donde todo el público canta las canciones de la cinta. Pero por intentarlo hay que indicar que el film arranca con fuerza con el estupendo número “When a kiss the teacher” pero a mitad de la proyección decae muchísimo debido a que la historia se vuelve aún menos interesante de la habitual, los jóvenes acompañantes de la protagonista son tan guapos como terribles y, además, todo ello coincide con las canciones menos conocidas de la banda.

Eso sí, poco importa nada de eso porque ATENCIÓN SPOILER cuando un maravillosamente desvergonzado Andy García y una maravillosa, en general, Cher cantan ese temazo llamado Fernando, ya sé que la peli me ha dado mucho más que otras “mejores”.

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