Salto al vacío sin heridos de consideración

Éste era un proyecto de alto riesgo, en principio abocado a la hecatombe artística y comercial. Para Eastwood tuvo que ser evidente porque renunció a realizar esta nueva versión de “Ha nacido una estrella”, en aquel momento, con Beyoncé.

El viejo lince pensaría que un nuevo remake de un film de 1937 que ya ha contado con dos versiones más (la muy notable de George Cukor con Judy Garland y James Mason en 1954 y la prescindible de 1976, salvo que adores a Kris Kristofferson y/o Barbra Streissand) no era una buena idea. Tampoco lo era filmar un musical de este tipo hoy en día con una relación del tipo pygmalion entre los protagonistas, bastante en contra de las corrientes dominantes.

Pues no contento con ello, el actor Bradley Cooper decide retomar el proyecto para su debut en la dirección (que los actores se pongan detrás de la cámara es algo que se suele ver con recelo en Hollywood; sólo hay que recordar el caso de Kevin Costner), adjudicarse el papel de protagonista y buscarse como compañera de reparto a Lady Gaga. Todo parecía carne de premios Razzie (los de las peores películas) y quizá aún lo sea, pues a estos premios de dudoso criterio muchas veces les gusta ensañarse con la gente que se arriesga y la caga.

Por ello entré a verla convencido de ver un trullo importante, un fracaso de los que hacen época. Quizá por ello la disfruté bastante. Valoré una primera hora de gran ritmo y pulso narrativo, un concepto de producción que tiene más que ver con el cine comercial de los 80-90 que con el actual, un acertado uso de los planos generales que aportan “aire” a la narración, unos personajes (también los secundarios) bien perfilados y gotas de autenticidad y emoción como los de la escena en el parking del hipermercado.

Es cierto que “Ha nacido una estrella” decae y se hace larga y que Cooper muestra su bisoñez en momentos donde la emotividad no funciona. Pero también se arriesga al filmar un momento clave de la historia con un lejano plano general en el que hay que andar muy atento para discernir los detalles narrativos al fondo de la pantalla y que en las pantallas donde la mayoría vemos gran parte de la producción actual (tv, tablets, móviles) será imposible de apreciar.

Ese detalle, junto a las influencias que nombró en la rueda de prensa en el Festival de San Sebastián, muestran a un cineasta en ciernes con poco que ver con la corriente dominante. Como anécdota, os contaré que, casi al final de esa rueda de prensa tuve la oportunidad de dirigirme a Cooper, que respondió con la siguiente frase: “Buena pregunta, tío”. No es mérito mío sino demérito de los que no pararon de preguntarle auténticas chorradas. Se nota que, a dichas convocatorias de prensa, no suelen acudir los numerosos periodistas de cine que saben mucho de esto (ocupadísimos viendo los pases de prensa y escribiendo sus opiniones), sino otro tipo de periodista más preocupado por el petardeo. Como muestra, dos botones, sin antes recordarles que Cooper acudía a hablar de su película.

-¿Qué debo hacer si quiero convertirme en una estrella partiendo del anonimato como el personaje de Lady Gaga?

-¿Si le pido una foto a Lady Gaga… ¿Reaccionará como su personaje en la peli?

Tan triste como real. Desolador.

Puede ver esta cinta, que participaba en la sección Perlas, en los cines Príncipe de San Sebastián el viernes 28 de septiembre, acreditado por AlicanteMag.

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