Nostalgia imposible.

Una medianamente entretenida actualización de la exitosa saga ochentera que, a pesar de unos personajes poco carismáticos, un bajo porcentaje de chistes realmente desternillantes, un ritmo atonal y un guión demasiado funcional, puede reportarnos dos horas de diversión veraniega si uno no se pone muy exquisito.

Está comprobado que estas operaciones nostálgicas raramente funcionan óptimamente. Han pasado 30 años y nosotros somos otras personas cuyos gustos, intereses y afinidades han ido evolucionando e, igual de importante, el mundo que nos rodea no es que haya cambiado, sino que pertenece a otra era, la de Internet, donde todo se magnifica. En definitiva, como decía Pablo Neruda, “nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos”. Por ello, pretender que este film nos haga salir alucinados del cine como consiguieron los originales Ghostbusters (Akroyd, Murray y el llorado Ramis) al que se dedica la película es algo ingenuo.

Muchos fans acabaron decepcionados después de las expectativas depositadas en actualizaciones de sagas como Indiana Jones o Star Wars. Sin embargo, si revisaramos entregas como El templo maldito o El retorno del Jedi, veremos que no hay una diferencia tan abismal entre antiguas y nuevas películas. Los autores de los nuevos films (como en este caso, Feig) se declaran fans acérrimos de los films primigenios y acometen su labor con reverencia casi sagrada. Pero quizá por eso mismo (o no) sus obras quedan en pálidas fotocopias. Cada época tiene su idiosicrancia e intentar transpolar el espíritu de una historia tan ochentera a nuestros días es trabajo baldio.

Repleta de guiños a los fans e incluso ironizando sobre algunos de los elementos del film de 1984, el film, en parte, naufraga debido a un flojo guión que presenta un malo sin carisma alguno, unas protas casi intercambiables y un Chris Hemsworth, que, aunque hace denodados esfuerzos por resultar gracioso, tiene que defender un personaje con muy pocas lineas de dialogo realmente brillantes (puede ser que sea comentario sobre el signo de los tiempos pero el hecho es que no está conseguido).

El ritmo tampoco acaba de funcionar. La narración es plana y no hay respiro pero tampoco momentos para asentar un relato que deje la más mínima huella en la memoria. Si bien no me aburrí mientras la veía, no puedo recordar ni un solo momento que me llamara la atención. Así el film queda como una burbuja aparente que explota conforme abandonas la sala. Por cierto, los créditos finales valen la pena y esconden en su final, una pequeña escena que prepara una secuela que exisitirá dependiendo del éxito en taquilla del film que nos ocupa, que parece que está siendo más bien escaso.

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