La cinta está trufada de una serie de escenas en voz en off que cuentan de manera desapasionada y aburrida una serie de cosas que o ya estamos viendo o que no nos interesan nada. Para colmo de males todas las subtramas sobre la familia del protagonista fracasan, la mayoría de las veces, en su intento de hacer reír.

Fatalismo sin inspiración

Una obra muy irregular del autor de Delitos y faltas, que aúna aciertos más que evidentes con errores impropios de su talento que lastran un resultado final que podemos tildar casi de decepcionante.

Entroncando con su estilo fatalista muy habitual en toda su filmografía pero acentuado últimamente, el film no va dirigido a los que busquen una trama con giros sorpresivos que te dejen con la boca abierta. Si algunos directores se ríen de las pelis centradas en la resolución final, Woody lo lleva haciendo hace tiempo de la algo infantil necesidad de ser sorprendido todo el rato.

Allen juega a todo lo contrario: desde el principio, el espectador tiene bastante claro lo que va a ir sucediendo durante la trama, ya que usa modelos más que clásicos, que luego analizaremos. Donde focaliza sus tramas es en el hecho de que sus protagonistas no tienen ni idea de lo que les va a pasar y asistimos, impotentes a sus inútiles acciones para evitarlo. A Woody le interesa el fatalismo, el destino inevitable al que están condenadas sus criaturas, igual que en su anterior obra, Irrational man. Son de esas raras películas (al menos en la actualidad) en las que los personajes saben menos que el público. Son las más difíciles de hacer, pero las más gratificantes si salen bien. No ha sido el caso.

Por otro lado, también centra su interés en los resortes de la narración concibiendo obras cada vez más meta: literarias y cinematográficas. En lugar de empeñarse en ocultarnos el andamiaje, la estructura de su historia, nos está diciendo continuamente que estamos viendo una fabulación, no un baldío intento de recrear la realidad. Y nos explica los mecanismos internos, los recursos que como experto fabulador domina a la perfección. Sus películas recientes hablan casi todas del arte de inventar historias.

La primera mitad de la película (en mi opinión, sin duda, la mejor) funciona bien como un triángulo amoroso con conflicto de intereses laboral y familiar muy en la línea de El apartamento de Billy Wilder. Incluso para el momento en el que el protagonista descubre la dolorosa verdad, usa el recurso de un objeto que la revela sin necesidad de palabras. Pero aquí empiezan los muchos problemas del film. Allen es un excelente guionista pero nunca me ha parecido un director a la altura de los grandes. Y con el paso del tiempo va a peor. Si Wilder filma el descubrimiento de su protagonista, Jack Lemmon, en el Apartamento de manera magistral, Allen lo hace aquí de forma desganada, torpe, tosca sin pasión alguna. Si hasta entonces el film había sido de un preciosismo tan arrebatador como poco habitual en su filmografía, a partir de este momento es como si se cansara de esforzarse y el film va cuesta abajo y sin frenos (toda la parte de Lively es flojísima) salvo por un epilogo, de nuevo excelente, que muestra la eterna dicotomía entre lo mediocre que parece lo que tenemos y lo sublime que aparenta lo que no tenemos.

En dicho triángulo amoroso brilla una actriz demasiado marcada y menospreciada por su papel en la saga Crepusculo, Kristen Stewart, que llena la pantalla de emociones, aunque la química con Eissenberg nunca llega a aparecer del todo.

Además, la cinta está trufada de una serie de escenas en voz en off que cuentan de manera desapasionada y aburrida una serie de cosas que o ya estamos viendo o que no nos interesan nada. Para colmo de males todas las subtramas sobre la familia del protagonista fracasan, la mayoría de las veces, en su intento de hacer reír (aunque es cierto que todos somos cada vez más cínicos y descreídos y ya es muy difícil vivir esa catarsis colectiva de compartir carcajadas con desconocidos en la sala oscura de un cine). Y lo que es peor. Allen ha sido un maestro en unir tramas sin conexión en desenlaces sublimes. Y yo lo estaba esperando. Pues bien. Si quitas todas esas tramas, la película funcionaria igual o mejor…pero claro duraría 60-70 minutos. Y eso no se lo permiten ni a Woody.

 

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