LOABLE EMPEÑO CON MEJORES INTENCIONES QUE RESULTADOS CALIFICACION: 3/5Estados Unidos, 2011.- 103 minutos.- Director: Robert Redford.- Intérpretes: James McAvoy, Robin Wright, Kevin Kline, Evan Rachel Wood, Danny Huston, Justin Long, Tom Wilkinson, Alexis Bledel.- DRAMA JUDICIAL HISTORICO.- No estamos ante una gran película y algunos aspectos técnicos (especialmente la fotografía que parece de una barata […]


LOABLE EMPEÑO CON MEJORES INTENCIONES QUE RESULTADOS

CALIFICACION: 3/5
Estados Unidos, 2011.- 103 minutos.- Director: Robert Redford.- Intérpretes: James McAvoy, Robin Wright, Kevin Kline, Evan Rachel Wood, Danny Huston, Justin Long, Tom Wilkinson, Alexis Bledel.- DRAMA JUDICIAL HISTORICO.- No estamos ante una gran película y algunos aspectos técnicos (especialmente la fotografía que parece de una barata película de hace 40 años) deja mucho que desear, pero la convicción con la que Redford cuenta esta historia, sobre la falta de libertades fundamentales en el seno de una democracia cuando las circustancias hacen prevalecer los intereses estatales sobre los individuales, puede con todo.

En 1865, tras el asesinato de Abraham Lincoln, ocho personas son detenidas y acusadas de conspirar para matar al presidente, al vicepresidente y al secretario de Estado. Entre ellas está Mary Surrat, la dueña de una pensión, donde John Wilkes Booth, el autor material del magnicidio, y sus cómplices se reunieron y planearon el atentado. Mientras el resentimiento contra el Sur domina a las autoridades de Washington, el joven abogado Frederick Aiken, héroe de guerra unionista, se ve obligado a defender a Surrat ante un tribunal militar. Sin embargo, muy pronto empieza a sospechar que su defendida podría estar siendo utilizada como señuelo y rehén para capturar a su hijo John. Con el país entero en contra de Surratt, Aiken es el único que se encuentra en condiciones de averiguar la verdad y salvarle la vida.

La cinta va de menos a más. Con un principio flojo y confuso que no narra con suficiente convicción ni nitidez expositiva los atentados, el espectador entra en el terreno de la desconfianza. ¿Va a ser todo así? Además de la horrenda fotografía –sea accidental o buscada- no ayuda nada.

Sin embargo, la fuerza de la historia, de las interpretaciones y de la identificación del espectador va venciendo a esos defectos hasta llegar a un tercio final notable en el que Redford toma valientes decisiones narrativas y morales. No es una gran película, pero sí recomendable para los amantes de la narración clásica.

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