Irregular pero incisivo acercamiento al universo femenino del Siglo XXI

La factoría de Judd Apatow (con él como director o solo como productor) sigue renovando la comedia americana y dinamitando los tópicos consustanciales a ésta desde los años 80. Primero fue la comedia masculina con Virgen a los 40, luego fue la de pareja con Lío embarazoso, después la juvenil con Supersalidos y posteriormente la dramática en Hazme reír. Incluso inspiró una bromance como Te quiero, tío. Ahora le toca el turno a la comedia de chicas y bodas. Y el resultado es el de casi siempre: irregular, loable, perspicaz, incisivo y de alargado metraje.

Annie es una treintañera soltera del Medio Oeste, con una vida sentimental más bien precaria, a la que Lilliam, su mejor amiga, le pide que sea su dama de honor. Sin embargo, aunque nunca ha ejercido esa función, la pobre se esfuerza por dárselas de snob en la fiesta anterior a la boda. Mientras tanto, otra amiga de Lillian hará todo lo posible por arrebatarle el papel a la inexperta Annie.

No estamos ante el reservo femenino de Resacón ni ante una película de bodas. Más bien se trata de un retrato femenino del siglo XXI en el mundo occidental, especialmente centrado en la contradictoria protagonista que fluctua entre el encanto, la estupidez y la autodestrucción emocional.

La cinta funciona mucho mejor a partir de mediada la proyección, cuando deja de obsesionarse con ser graciosa, para centrarse en ser perspicaz en el retrato de lo que significa ser mujer en el tiempo actual. La película alcanza una cadencia especial en la que ya deja de ser importante el qué, la peripecia y su desenlace y pasa a ser más importante el cómo y la evolución de los personajes. Entonces desaparece la apariencia de camino trillado, de formula comercial para aparecer la sensación de vida real en pantalla, algo cada vez menos frecuente en el cine actual. Y si conectas con ella, ya no te importa cuanto falta para el desenlace sino que quieres saber más de esa protagonista y su entorno.

Cuando en el epilogo aparecen las Wilson Phillips cantando ese temazo que es Hold on, la confortable sensación de estar como en casa se vuelve más placentera.

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