–> Notable homenaje y actualización del cine clásico Calificación: 3´5/5 Publicada en Octubre de 2005 Estados Unidos, 2005.- 102 minutos.- Dirección: Shane Black.- Intérpretes: Robert Downey Jr., Val Kilmer, Michelle Monagahan, Corbin Bernsen.- ACCION.- Una agradable sorpresa dentro del panorama del cine comercial hollywoodiense por su sentido del puro entretenimiento lúdico y por su componente […]



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Notable homenaje y actualización del cine clásico

Calificación: 3´5/5

Publicada en Octubre de 2005


Estados Unidos, 2005.- 102 minutos.- Dirección: Shane Black.- Intérpretes: Robert Downey Jr., Val Kilmer, Michelle Monagahan, Corbin Bernsen.- ACCION.-
Una agradable sorpresa dentro del panorama del cine comercial hollywoodiense por su sentido del puro entretenimiento lúdico y por su componente de homenaje-parodia al cine negro y sus constantes genéricas.
La excusa argumental de arranque es especialmente intrascendente en esta ocasión ya que el film va pronto por otros derroteros. Harry Lockhart es un ladrón de poca monta quiere hacer lo correcto, pero siempre lo deja para mañana. Mientras huye de la policía, tras hacer las compras navideñas a su manera, se ve metido, sin querer, en una audición para una película de detectives de Hollywood. A Harry le adjudican el duro detective privado Perry Van Shrike, para que le prepare para su prueba para un papel que tiene casi asegurado. Parece cosa del destino cuando el ladrón que intenta hacerse pasar por detective se cruza con Harmony Faith Lane, una aspirante a actriz que necesita ayuda.
El film es el debut del guionista Black, famoso en los 90 por firmar el guión más caro por aquel entonces, El último boy scout, y autor de los libretos de las cuatro partes de Arma letal o El último gran héroe) y se nota. Black firma y filma una película dirigida a un público que quizá ya no exista, refugiado en el apacible entorno casero del home cinema y que ya no tiene tiempo ni ganas de ir al cine. Un público que creció cinematográficamente con una cartelera en el que la estrella eran las películas de acción con el suficiente contenido para no sentir vergüenza ajena y en el que lo artesano suplía a la infografía. Una cartelera en la que la comercialidad no reñida con la calidad, la diversión no enfrentada a la inteligencia no era tan difícil de hallar como en la actualidad, cuando el público en busca de diversión, pero que ya no quiere saber nada de chiquilladas, lo tiene difícil entre tanto film sesudo y/o periférico, cine social triste y feo y cintas demasiado engoladas y cultas.
Y entonces llega el tal Black y nos regala hora y media de pura y brillante diversión. A medio camino entre la idolatría exacerbada y la parodia reflexiva sobre el género negro y el propio lenguaje cinematográfico y su interrelación con el espectador, la cinta nos embarca de forma frenética y arrolladora en una complicada trama que a veces es casi imposible de seguir (ni falta que hace, pues, salvando todas las distancias, ¿quién entiende totalmente el argumento de, por ejemplo, El sueño eterno?). En dicha trama los engaños, los secretos, los tiros y los besos se suceden, orquestados por unos locuaces y vivos diálogos que nos desbordan en ocasiones.
El tono a veces entre melancólico y nostálgico de la narración (esa memorable secuencia inicial en la piscina que no recuerda a los tiempos en que el gusto por el detalle y la ambientación todavía era algo valorado) es abruptamente interrumpido por ataques convulsivos de violencia que nos recuerdan que, a pesar de movernos en una divertida parodia, estamos en terrenos peligrosos y amenazantes. Pues la cinta es, ante todo, un virulento ataque al mundillo hollywoodiense, aquél que primero encumbró a Black y luego lo arrinconó cuando se volvió demasiado excéntrico y personal, es decir, la, allí, odiada raza del autor, especialmente si erige su estilo desde la comercialidad.
La cinta podía haberse convertido en una excelente obra si todo estuviera a la altura del guión. Sin embargo, la narración es, en ocasiones, involuntariamente confusa, Black peca de creerse todavía bastante más brillante de lo que ya es y un poco de reposo no le hubiera venido nada mal al film para que el espectador pudiera degustar algunas esencias ocultas ante tanto aturullamiento.

Pero el sentido homenaje al cine negro (con esos capítulos en los que se divide el film que llevan por título algunas de las grandes obras del género como La dama del lago o Adiós, muñeca), las notables interpretaciones de los injustamente arrinconados Kilmer y Downey, la sentida descripción de estos puros antihéroes que todavía pueden presumir de dignidad y su loable intento de escapar del mimetismo imperante en la actual producción yanqui en la que se huye como de la peste de todo lo que huele a peligrosa originalidad, nos hace saludar a este film como uno de los más reconfortantes productos comerciales del año

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