EL GRAN PLANO GENERAL COMO ACTO DE REBELDÍA CALIFICACIÓN: 3,5/5 Gran Bretaña, 2010.- 130 minutos.- Director: Peter Weir.- Intérpretes: Jim Sturgess, Ed Harris, Colin Farrell, Saoirse Ronan, Mark Strong.- DRAMA- Sin llegar a ser la excelente obra que podía haber sido, Weir firma un film notable, totalmente alejado de las modas actuales (primeros planos, montaje […]


EL GRAN PLANO GENERAL COMO ACTO DE REBELDÍA

CALIFICACIÓN: 3,5/5

Gran Bretaña, 2010.- 130 minutos.- Director: Peter Weir.- Intérpretes: Jim Sturgess, Ed Harris, Colin Farrell, Saoirse Ronan, Mark Strong.- DRAMA-

Sin llegar a ser la excelente obra que podía haber sido, Weir firma un film notable, totalmente alejado de las modas actuales (primeros planos, montaje mareante, confusión narrativa, obsceno uso del sentimentalismo y falsa trascendencia) y, por tanto, sin dar al público nada de lo que espera.

Obra casi suicida en su planteamiento y resolución, filmada con majestuosos grandes planos generales que parecían desterrados del insoportable cine de cogotes y retinas que puebla nuestras pantallas con el objetivo de reducir gastos y de que se vea bien en la tele, se atreve a desprenderse de coartadas de todo tipo y centrarse en la esencia humana sin épica alguna.

Tras la excelente media hora inicial en el gulag con la aparición de dos personajes grandiosos (ese Strong que se alimenta de las ilusiones de los recién llegados y Farell, preso común que se identifica con el comunismo), el film pasa a ser un film de “gente andando” que puede resultar monótono.

Aunque me encanta el cine de Weir, debo reconocer que esperaba más de esta travesía, especialmente en lo referido a emoción y evolución dramática de los personajes. Para mí es evidente que hay bien poco de ello, pero no por incompetencia de Weir, sino por decisión consciente.

El protagonista, tras la invasión de Polonia por los alemanes en 1939, fue arrestado por el ejército soviético y encarcelado en un gulag (campos de concentración de la Unión Soviética). Consiguió escapar, en compañía de otros presos y, finalmente, huyendo a pie llegaron desde Siberia al Himalaya, al desierto del Gobi y, atravesando el Tibet, acabaron estableciéndose en la India.

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